China en nuestra cultura

Las Tunas.- La Feria del Libro, que Las Tunas celebra desde este jueves, dedica espacios de divulgación literaria a la República Popular China. Los asistentes al evento tendrán la oportunidad de acceder a lo mejor de la cultura de esa gran nación de más de mil millones de habitantes.

Los primeros inmigrantes chinos llegaron al puerto de La Habana en 1847, a bordo de la fragata Oquendo. Si aquella vez desembarcaron 206 culíes, en los 100 años siguientes la cifra llegó a 132 mil. Se calcula que por cada 10 que lograron echar pie a tierra, uno falleció durante la travesía.

Nuestra cultura popular tuvo en los individuos de ojos rasgados una fuente de inspiración. Jaranero contumaz, el criollo buscó siempre la forma de burlarse de ellos. En su obra Indagación del choteo, Jorge Mañach habla del ingenio, la gracia y el humor con que el cubano resuelve sus problemas.

En efecto, carentes de la picardía y de la agudeza que les sobra a los nacidos en la Isla, los asiáticos resultaron blanco fácil para las bromas desde sus oficios de verduleros, sastres, lavanderos y domésticos. Así, buena parte del repertorio de dichos de la calle los tiene a ellos por protagonistas.

Tal vez no existan en Cuba muchos refranes tan populares como este: "¡A ese no lo salva ni el médico chino!" ¡Pobre de su infeliz destinatario! Significa que nadie podrá salvarlo. Dicen que, en efecto, hubo un médico chino llamado Cham Bom Biam, cuyos aciertos lo hicieron famoso en todo el país, pues curaba a enfermos que habían sido descartados por otros colegas suyos. El pueblo cubano acuñó la frase hasta hacerla devenir refrán.

Durante mi etapa de estudiante de la Enseñanza Primaria tuve una caligrafía horrible. Recuerdo que una de mis maestras, exasperada ante mis torpes garabatos, solía decirme en tono crítico: "Ay, chico, tú pareces que escribes en chino". Sospecho que mi ¿letra? le sugería los caracteres del alfabeto de aquella nación. Pero, pregunto, ¿y por qué no los del japonés o el árabe?

Otro aforismo que no pierde vigor se relaciona con quienes andan de tropiezo en tropiezo en materia de mala fortuna. Todavía lo escucho por ahí a cada rato. "¿Así que se te volvió a perder la billetera? Oye, despójate, mi´jo, que traes un chino atrás". Nadie ha podido establecer el origen de esta sentencia de pésimos augurios. Y aquí se repite el fatalismo del gentilicio.

Las preguntas difíciles se las traen. Los cubanos evadimos sus acometidas con una elegante verónica. Imagínese que alguien lo inquiera sobre la cantidad de bicicletas que hay en la Isla. "Oiga, compadre, usted me la ha puesto en China", responderá. Aquí, obviamente, China funciona como sinónimo de lejanía. ¡Sugiere que resulta casi inalcanzable la respuesta!

Algunos utilizan la expresión "me quedé en China" cuando no consiguen entender las esencias de un problema o un fenómeno. Para el enunciado "lo engañaron como a un chino" hay una explicación: las promesas que los mercaderes de hombres hacían a los cantoneses que deseaban emigrar a la Mayor de las Antillas, y que luego de llegar, confirmaban que todo había sido un engaño.

El amor no ha estado ajeno a la "influencia" asiática. Antiguamente se utilizaba la frase "tirar chinitas" para referirse al galanteo previo a la declaración. También lo "chino" se manifiesta al describir la belleza de la mujer. "Socio, qué clase de china está puesta pa´ mí...", dicen todavía.

Hay más de la presencia china en nuestra cotidianidad. La salsa china y los frijolitos chinos acompañan el menú criollo hace ni se sabe cuánto tiempo. El mentol chino, dentro de su cajita roja, nos sacó de muchos apuros. La dama china, los palitos chinos y las sombras chinescas distrajeron el aburrimiento en alguna etapa de la vida. La corneta china llamó a arrollar detrás de una conga. Y al que más o al que menos la mamá o la tía lo entretuvo en la niñez con aquella canción que decía "un chino cayó en un pozo...".

Pero el principal aporte asiático a nuestra historia está inscripto en un monumento ubicado en Línea y L, en la capital cubana. Tiene grabada una frase de Gonzalo de Quesada que reconoce su rol en nuestras guerras independentistas del siglo XIX. Dice: "Nunca hubo un chino cubano traidor, nunca hubo un chino cubano desertor".

______________
Fuente: 26 Digital