Maceo y Che inspiran la resistencia cubana ante las amenazas norteamericanas. (Tomada de Internet)
Maceo y Che inspiran la resistencia cubana ante las amenazas norteamericanas. (Tomada de Internet)

Quiso la historia, la casualidad o tal vez esos arrevesados encuentros del destino, que coincidiera aunque en distintas épocas, años y países, pero sí el mismo día el natalicio de dos hombres tan grandes por su estatura física como moral.

Gigantes de la dignidad y el decoro. Hijos dignos de la Madre América, que los vio crecerse como Titán y Guerrillero, para conquistar toda la gloria del mundo y entregarla a su pueblo.

Ellos a quienes distinguió la rectitud, la humildad, la disciplina y  la intransigencia  son paradigmas del ideal de libertad que los guió hasta el último aliento.

Trascienden sus épocas y llegan a la contemporaneidad con esa fuerza que inspira su ejemplo y que se convierte en legado que pasa de generación en generación. Cuando el águila  imperial intenta extender sus garras, desde la eternidad están ahí alertas, vigilantes para decir: No, no nos entendenos, porque en el imperialismo no se puede confiar ni un tantito así.

Llegan en junio para iluminar el alba, uno con la adarga al brazo y sintiendo bajo sus pies el costillar de Rocinante para emprender el camino, y como Quijote de los nuevos tiempos defender las causas más justas en cualquier lugar del mundo, el otro, con el cuerpo lacerado por las balas enemigas pero con la bravura de un león sentenciando que quien intente apoderarse de Cuba, solo recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la contienda.

Antonio Maceo, y Ernesto Che Guevara, se hermanan en el tiempo y en un solo ideal, la lucha por la vergüenza y el decoro de toda la América Latina.