Félix Rodríguez Echemendía. Foto: Danay Naranjo Viñales

Preguntar por Félix Rodríguez Echemendía en el taller de locomotoras Camilo Cienfuegos, del municipio de Amancio, es encontrar a un hombre que perdió su verdera identidad para apropiarse del seudónimo que describe su capacidad de estar “donde hace falta”

Bejuco, como lo llaman casi todos los que lo conocen, es de ese equipo de avanzada que guía e inspira  a la nueva generacion de amancieros, pues a pesar de sus años de experiencia mantiene el amor por lo que hace y se entrega en cada tarea asignada.

“Llego al ferrocarril el 20 de mayo de 1981 luego de cumplir el Servicio  Militar en Angola. Era solo un jovencito inexperto de 18 años, cuyo primer trabajo fue este, como Mecánico Diesel en un taller de ferrocarril. Estos 40 años han sido los mejores de mi vida. Es el único trabajo que he realizado y pienso jubilarme aquí”.

Según cuenta, no existe mayor satisfación que, luego de varias jornadas de intensa labor,  ver una locomotora de vuelta en la líneas férreas.

“Nosotros decimos que el taller es como un hospital. Cuando llega una máquina defectuosa, con el problema que sea, la meta es  arreglarla cueste lo que cueste y hacerlo bien. Ahora mismo en la zafra garantizamos el buen funcionamiento para el tiro de caña hacia el central Colombia, ese es nuestro objetivo cada jornada.”

Más allá de carencias, limitaciones con la disponibilidad de recursos y los efectos del bloqueo impuesto a Cuba por el Gobierno de la Casa Blanca, el taller de locomotoras de Amancio cuenta con una fortaleza indestructible: la unión de sus trabajadores. ¿Cómo logran  enfrentar tantos desafíos?

“Sabemos que la mayoría de las piezas de repuesto llegan a Cuba por un tercer o cuarto país, lo que significa que son más costosas y por ello carecemos de muchas de ellas. Pero nosotros somos un colectivo optimista y sobre todo consagrado”.

“El otro factor es la unidad. Un colectivo donde cada cual tire para un lado, no funciona. Es cierto que tenemos problemas materiales y sujetivos, pero nada ni nadie nos detiene cuando nos proponemos cumplir la tarea aunque otros factores impidan que salga con la calidad requerida, pero al menos lo intentamos y damos todo de nosotros.

No tenemos horario, ni días, ni noches, ni limitación cuando se trata de cumplir lo establecido y sacar los equipos para que rindan viaje”.

Este amanciero es de los tantos que han entregado su vida al desarrollo del ferrocarril en el más sureño de los municipios tuneros. Ejemplo de entrega para quienes se inician en el sector y ante quienes este día, nos quitamos el sombrero.