Vilma Espín, memorias

Abril llega con su brisa fresca, y con la lluvia que hace reverdecer la vida, para celebrar el natalicio de una mujer que consagró su existencia a las más nobles causas.

Hija de una tierra hospitalaria pero indómita, no resistió la injusticia, la vida sin sacrificios, y se fue a las montañas a conquistar la independencia ansiada para hacer posible el sueño de muchos.

Pero su lucha no concluyó con la libertad de Cuba aquel Primero de enero de 1959, ese solo será el primer paso en su largo camino, porque se hacia necesario organizar a las mujeres para que ayudaran a construir el futuro del país.

Y por eso luchó sin descanso por el empoderamiento femenino para ofrecer igualdad de oportunidades,  posibilidades a la mujer, y sobre ella recae la responsabilidad y el honor de haber fundado junto a Fidel la Federación de Mujeres Cubanas, organización que dirigió por 47 años.

Otro de sus grandes méritos fue la creación de los Círculos Infantiles, para que las féminas se vincularan al trabajo y fueran independientes económicamente.

Amancio es un ejemplo de esa inmensa obra social que legó, pues por estas tierras se crearon los cimientos de esas instituciones el Roberto García Blanco, que se  considera la primera de su tipo en la provincia de Las Tunas.

A ella le debemos además los aportes a las licencias maternas, al  código de familia, el código penal, al trabajo preventivo con la atención a los adultos mayores, los infantes con problemas de conducta, a las familias disfuncionales.

Así de grande fue, es y será Vilma Espin Guillois, una mujer de valores extraordinarios que consagró su vida al bien común y en especial a la mujer, alguien que a pesar de sus múltiples responsabilidades siempre encontró el espacio para escuchar y atender a quien lo necesitó.