Cuando se cumplen 35 años de los trágicos sucesos del 6 de Octubre de 1976, la explosión en pleno vuelo de una aeronave de Cubana de Aviación que portaba la preciosa carga a bordo de 73 pasajeros, aún exigimos y clamamos por justicia.

Ese crimen es una herida que sangra que no cierra y multiplica el clamor de todo un pueblo.

Que tragedia, que acto cobarde y cruel que cegó la vida de personas inocentes, entre ellos un grupo de jóvenes casi niños que venían llenos de gloria al haber ganando las medallas de oro de las competencias regionales de esgrima que acababan de efectuarse en Caracas.

Que  injusticia, que ironía, pues los autores confesos de tamaña crueldad esos mercenarios pagados por el Imperio aún desandan libres por las calles.

Que cinismo quienes promueven la lucha contra el terrorismo albergan a terroristas que cobran vidas de personas indefensas y venden sus almas al diablo por unos pocos centavos.

El odio los ha llevado a cegar vidas inocentes, a tratar de herir en lo más hondo de los sentimientos al pueblo cubano y sin embargo lo que han conseguido es unirlo más en su lucha porque hechos como estos no ocurran.

Pero este acto cruel nada pudo conseguir sino que la decisión de luchar y seguir adelante fuera más fuerte y que nos levantáramos como nunca antes para enarbolar las banderas de la dignidad y la justicia.

Nuestros hermanos no están ni olvidados, viven y vivirán para siempre en el pueblo que cada día los recuerda y multiplica su ejemplo en cada obra que emprende, porque inspiran cada día a continuar la lucha.

Han pasado más de tres décadas y este hecho nos duele en lo más profundo, nos conmueve y nos indigna porque como expresó nuestro líder Fidel, cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla.