Rayo en el mismo recodo del arroyo de tropelías infantiles junto a Hugo y a otros amigos.

Llegué a Caracas, Venezuela, el 15 de julio del año 2019, y el 25 de ese propio mes tuve la suerte de visitar Nuestra Señora del Rosario de la Sabaneta, Sabaneta de Barinas o simplemente Sabaneta, ciudad capital del municipio de Alberto Arvelo Torrealba, en el noroeste del Estado Barinas, al oeste de Venezuela.

Fuimos hasta esa venerada comarca a instancia de Julio César García Rodríguez, jefe de la Oficina de Atención a las Misiones Sociales de Cuba en Venezuela, quien gentilmente convocó al equipo de la prensa cubana adscripta a esa entidad a la celebración de las actividades centrales por la histórica fecha del 26 de Julio, Día de la Rebeldía Nacional en Cuba.

Y digo suerte, porque Sabaneta es la cuna del eterno Comandante Hugo Chávez Frías y a pesar de que su vida y obra lo llevaron allende fronteras hasta convertirse en Comandante de América, en el imaginario simbólico de muchos habitantes de ese pequeño pueblo de los llanos venezolanos perdura la imagen del niño, del joven Huguito, noble, desinteresado, servicial, solidario y de fidelidad a toda prueba con sus amigos.

Recorrer la tierra natal del Mejor Amigo de Cuba, la Ruta de la Conciencia, la finca donde nació y la casa en la que su entrañable abuela paterna, Rosa Inés Chávez, desde temprana edad guiara sus pasos y cuidara de ellos bajo las insomnes y amorosas pupilas de Hugo de los Reyes y Elena, sus progenitores, es motivo que desencadena múltiples emociones.

Precisamente allí, en el inmueble que le dio cobijas, ubicado en avenida Bayón, entre 10 y 11, y hoy convertido en el museo Mamá Rosa conocí a Marcos Rosales Barrueta, quien lleva con sano orgullo el mote de Rayo con el que lo bautizara Chávez, su amigo de infancia, adolescencia, juventud, “de toda la vida”, afirma con tono nostálgico en los mismos terrenos donde compartieron muchas travesuras y sueños de gente humilde y honesta.

Aunque guarda gratos recuerdos de esa imperecedera amistad hay un momento que le ha dejado profundas huellas de dolor que “el tiempo no borra, ni podrá borrar”, dice con congoja y accede a conversar sobre ese y otros temas latentes en su memoria.

La infausta noticia

“El martes 5 de marzo de 2013, a las 16:25 hora local, el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Comandante Hugo Chávez Frías, parte hacia la inmortalidad desde el hospital militar Dr. Carlos Arvelo, de la ciudad de Caracas, donde recibía atenciones médicas para paliar una infección respiratoria contraída durante la última intervención quirúrgica recibida para combatir el cáncer que padecía”, así de infausta fue la noticia.

“Ese día, yo iba con unos amigos en un vehículo y me desplomé, aunque ya sabía que Hugo andaba mal, pero me desplomé; y, esa noche no dormí, no comí. Ya no tenía al amigo, se había ido el amigo entrañable, el amigo que se merecía un pueblo y que dejaba a un pueblo, al cual se entregó íntegro, ese pueblo que nunca lo defraudó y lo acompañó hasta sus últimos minutos”.

-¿Cómo se funda esa imperecedera amistad?

“Desde aquellos tiempos de muchachos, Chávez siempre fue un gran amigo. Hugo, Huguito para nosotros. Comenzamos a conocernos jugando pelota, con peloticas de goma, hasta que nos fuimos proyectando individualmente, pero nunca perdimos el contacto.

-¿Cuántos años tenían entonces?

“Tendríamos 10 u 11 años. Antes aquí no había liceo y por eso nos distanciamos un poco, pero el contacto siguió siendo igual. Él se va a Barinas, yo me voy a otra parte a estudiar y nos regamos, pero nos reencontrábamos con mucho afecto, mucha amistad, de forma casi natural sentíamos el apego, el amor que existía entre amigos y una camaradería que era innegable y en esos contactos siempre comentábamos, jugábamos a las chapitas. Ya éramos jóvenes.”

-¿Y por qué Rayo?

“Ese mote se lo debo a Hugo. Ya casi todo el mundo me dice Rayo, pues desde que Hugo aparece en las primeras alocuciones públicas y nombra esa parte de los amigos que quedaron en Sabaneta, que no pudimos salir, él habla de Rayo y proyecta mi nombre de esa manera.

“Yo tenía unas piernas muy rápidas, era muy rápido jugando béisbol, una de las pasiones de Chávez, y con muchas habilidades, de hecho en una oportunidad por televisión me dijo: ´mira pero es que tú te las quieres agarrar todas y no dejarnos ni una a nosotros´, porque salía un flaicito y yo andaba detrás de todas esas pelotas y él insistía, pero déjanos a nosotros y yo los empujaba… y de ahí trascendió el sobrenombre de Rayo, él decía este es como un Rayo”.

-A partir de esa amistad, ¿pudo presagiar que su gran amigo llegaría a convertirse en el Líder Supremo de la Revolución en Venezuela?

“Fíjate, desde un principio se podía apreciar su liderazgo, porque el sobresalía en todo y ya se va proyectando en su carrera militar. En una oportunidad él nos comentó sobre la situación del país y entonces nosotros comprendimos que quería decirnos algo y entendimos que era otra la lucha, y había que enseriarse en ella.

“Ya los temas de conversación no eran la pelotica de goma, el béisbol, era la lucha por algo, por un pueblo y Chávez nos inculcó ese sentimiento y de hecho, pues, una vez él nos dijo aquí tiene que pasar algo.”

-También un martes, el 4 de febrero de 1992, cuando se produce el levantamiento militar Chávez da otro paso hacia la inmortalidad, ¿sabías de su protagonismo?

“Lo presagiábamos y con preocupación aquel 4 de Febrero, desde la madrugada comenzamos a buscarnos (los amigos) y comentábamos hay un movimiento y dónde estará Hugo, coño lo mataron, apareció, no, no ha aparecido y nosotros también fuimos sorprendidos por la televisión, cuando a las 10 y tanto de la mañana supimos que estaba vivo y era el jefe de una rebelión, de un movimiento revolucionario por la Patria.

“Y hundí la cabeza contra mi pecho y brotaron muchas lágrimas, porque no sabíamos qué iba a pasar con él, si lo iban a matar, o a desaparecer. Fueron muchas lágrimas, por las tantas batallas que Chávez tuvo que librar y nosotros sabíamos que corría riesgos su vida, era algo inevitable, porque a él le gustaba estar en batalla, en pelea por su pueblo.

“Sé que esa tristeza el pueblo la percibió desde el primer momento del 4 de Febrero, cuando él dio su cara y dijo ´Yo asumo mi responsabilidad´, desde ese momento se enraizó en el pueblo y entonces el pueblo, todo el mundo, lloró y llorará por siempre a Hugo Chávez.”

-¿Bolívar en Chávez?

“Chávez desmontó a Bolívar del caballo y nos ayudó a reencontrarnos con el Bolívar nuestro, que estaba ya oculto, que nos tenían escondidos con historias ficticias que nos contaron, nos comentaron y nos enseñaron en la escuela. Chávez las desempolvó y nos las trajo en carne viva, en carne propia, para que el pueblo se diera cuenta de quién era realmente Simón Bolívar.

“Y, de hecho, el bolivarianismo resurge gracias a esas enseñanzas que el pueblo no sabía, porque a nosotros nos enseñaron otra historia y desde ese momento la historia la decimos, la conocemos y la enseñamos nosotros.”

-¿Cómo fue la despedida?

“Me tocó hacerle guardia de honor y ver al amigo allí, inerte, mirando su cara ni sé cuántas cosas me pasaron por la mente, y ahora qué hacemos, y allí mismo encontré la respuesta: es el trabajo que seguimos realizando, porque nuestra tarea como amigos de ese gigante es continuar sus pasos, ¿cómo?, pues continuar con lealtad su pensamiento, sus ideas y sus principios, esos principios morales y éticos, que nos permiten y le permiten a un pueblo llevarlo dentro de su corazón.

“El pueblo lloró y llorará siempre por Chávez”, lo reitera y enjuga lágrimas inevitables por la desaparición física del amigo, del compañero, del revolucionario cabal que se sumergió en las catatumbas del pueblo para levantarse junto a los más humildes para comenzar a construir un mundo mejor, sin exclusiones y de respeto a los más elementales derechos del ser humano.

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Fuente: Periódico 26