Foto: Reynaldo López Peña

Las Tunas.- Siempre serás papá, tu “yo” en mí, el complemento de toda la vida, el amigo incondicional, mis hombros más fuertes. Llega otro Día de los Padres, no con los vítores y los “fetecunes” tradicionales y, mucho menos, para darle al ego la vanidad desmedida con la cual suele complacerse. Las rutinas cambiaron y la existencia nos pende de una pandemia sin rostro, mortal y escurridiza.

El amor es ahora un desafío de amor... cuerdo, responsable, profundo, respetuoso del derecho a vivir que tenemos y, quienes nos aman por sangre o elección, deben ser los primeros en comprenderlo. Por eso, papá, este tercer domingo de junio es más valioso y nuestro. No renunciaremos a escribirte letras de cariño, confianza, gratitud. A darte besos con el puño cerrado o buscando la risa entre las máscaras y los títeres que puedan simular los nasobucos. Hoy estamos más cerca, porque la cercanía viene de lo hondo, del corazón.
Nos amamos en dimensiones infinitas, hasta más propias. Le damos el valor a las palabras. Aprendemos -en las tensiones y los sobresaltos cotidianos- que somos más que un abrazo o una promesa, una visita o la compañía. Tu sacrificio es mayor, interminable. En estos tiempos has ganado honores que, antes, hasta titubeaba un poco al decidir incrustarlos a tu actuar cotidiano.
Puedo decir que sabes de dibujos o balanceos con canciones de cuna, de horas enteras en colas para sorprenderme con mi golosina favorita. O de llevarme a la escuela o cualquier parte para “mirar con tus ojos” si se cumplen las medidas sanitarias. En fin, papá, ya no me iré con la de trapo cuando digan que padre es cualquiera. Puede que sea para muchos, pero como tú, para mí, no hay nadie más. Y como tú, un padre bueno, hay muchos, muchos. A otro con ese cuento, como dice el abuelo, otro grande, grandísimo. Un universo de sostén, esfuerzos y ternura.
En fin, papi, mi gigante sin tiempo, este domingo es tuyo con todos los colores bonitos y los sentimientos más puros. Nunca creas que mi bionomio sin ti está completo. En la distancia o el “pegaito” de los amaneceres. O el estrechón de mano porque “ya soy grande”. O el regañón o el consejo, eres mi papá. Aunque te hayas ido, eres mi papá.
En todas las dimensiones, en todos mis afectos, en todas las derrotas y victorias, con tus defectos y virtudes, te amo y amaré y este domingo 20 de junio haremos la fiesta más hermosa... la del amor sin sombras ni apariencias. El nuestro, con un FELICIDADES bien enorme, ese que es más grande que el mundo, pero cabe en tus manos y las mías porque ahí, justo ahí, descubrí y encontré siempre una fuerza mayor... mi papá. Lindo día, mi viejo, lindo día.

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Fuente: Periódico 26